Foto: David Larrosa, 10 años

martes, 23 de diciembre de 2014

En "Cuentos para el andén"

     ¡Feliz como una perdiz porque la revista Cuentos para el andén nº 33 me incluye en sus páginas! Y muy bien acompañada, además...


 
¡Muchas gracias, Grupo Andén!

martes, 2 de diciembre de 2014

Reseña de "El viento en tu cara"



Félix Terrones. La constancia del viento
EL VIENTO EN TU CARA. Nazarí, 2014


Félix Terrones es un joven escritor (Lima, 1980) que ha publicado dos novelas, A media luz, 2003 y El silencio de la memoria, 2008, y un libro de cuentos, Cenizas y ciudades, 2014, y que en su cuarto libro se adentra en el terreno del microrrelato. El viento en tu cara es una etapa más en la trayectoria de una expedición narrativa, una búsqueda formal.



No es fácil encontrar autores que emprendan un camino de aprendizaje en un momento en que predomina el afán por llegar cuanto antes a una meta con una calidad literaria meramente digna. Y por supuesto son extraordinariamente escasos los autores de gran ambición. No parece que Terrones se encuentre en ninguno de los dos polos: el conformismo o la desmesura. El viento en tu cara es una obra equilibrada y coherente tanto en su estilo como en su arquitectura.

El libro reúne 84 piezas breves que se organizan en tres partes: “Criaturitas angelicales”, “Ellos y ellas” y “Periferias del silencio”. Una conjunción desigual (21-38-25) que obedece a tres núcleos temáticos, pero que por encima de todo conforma una propuesta: la búsqueda de un significado para la realidad, que se muestra desde múltiples ángulos.



No por casualidad, el primer relato establece los parámetros dentro de los cuales va a desarrollarse el libro. Metaliterario, borgiano, “Una vocación” anuncia un Terrones culto, sutil, hábil con la elipsis, diestro en la sugerencia. De un modo indirectamente biográfico (el escritor de cuentos retado por el escritor de cuentos), “Una vocación” marca la consciencia literaria de todo el volumen.

Nada es fortuito en El viento en tu cara. De todos los microrrelatos, apenas cuatro utilizan la tercera persona. Esa voz personal y directa que nos habla, a veces desde el yo y a veces desde el nosotros, responde a una deliberada expresión de la subjetividad. Es el yo quien se cuestiona el mundo; distintos yos los que muestran su sorpresa, perplejidad y vértigo. Minuciosamente encadenados, los relatos de la primera parte hablan desde un gran sentido de pérdida de la infancia, de la inocencia o del pueblo de origen, y utilizan juegos de proporciones y desproporciones para situarnos frente al vertiginoso paso del tiempo y la desaparición de las referencias. Imposible no sentir la presencia de lo biográfico conociendo el itinerario vital de este profesor de la Universidad de Tours.

En la segunda parte, en cambio, la temática se desplaza más hacia el anhelo y lo inalcanzado, y cobra mayor relevancia el viaje. En todo momento, la ansiedad por lo que ya no existe o no se puede encontrar se expresa a través de amplios arcos temporales que engloban un amplio periodo de la vida del personaje. Un efecto magistral para las leyes del microrrelato, conseguido mediante un tratamiento quirúrgico del tiempo narrativo en la primera parte, y mediante literarias “rutas” trazadas por papeles, casualidades, llamadas o, acaso, encuentros furtivos en la segunda.

Levemente académico es el tercer bloque. De “Justicia poética” en adelante existe una reflexión sobre el arte de escribir, pero Terrones no cae nunca en un estilo envarado, autocrítico. Si bien hay cierto sabor borgiano en su sintaxis y en la adjetivación, a menudo trimembre y muy bien calibrada, el autor cumple con el “escribir como quien respira” cortazariano, alcanza la naturalidad en el ritmo y la riqueza de las frases, lo que seduce fácilmente al lector.

Como ha dicho en una de sus entrevistas, Félix Terrones cree que el escritor debe tener “mucha humildad para renunciar a la escritura genial. Los escritores geniales son un puñado, el resto es gente común pero con la sensibilidad suficiente para encontrar una forma literaria personal, única”. Él es extraordinariamente coherente con esta visión. Su voz no se esmera en el virtuosismo, la exhibición o la retórica, pero se expresa con flexibilidad y riqueza, musicalidad, precisión y énfasis. Textos tan potentes como “En un país desconocido”, “La velocidad de la luz”, “El viaje infinito”, “Malentendidos”, “Una leyenda antigua”, “Duelo”, “El placer de viajar” o “La moneda” no pueden dejar indiferente a nadie.

Decididamente, un raro caso de apuesta consciente por la literatura como corredor de fondo. Alguien que nos hace esperar, con expectación, a su próximo libro.



                                                                       Susana Camps Perarnau


 Esta reseña ha aparecido en el número 372 de la revista Quimera (octubre 2014).

martes, 18 de noviembre de 2014

Más vale tarde...


Aunque este blog de microrrelatos no es el lugar más adecuado, tampoco me parece absurdo compartir aquí la publicación siquiera electrónica, por fin, de mi tesis. Quizá pueda interesar a alguien su consulta, aunque es un trabajo especializado. 


Portada facticia (reconstruida) del "Tirante el Blanco" de 1511. Biblioteca del Cigarral del Carmen.

Este estudio defendido en 2008 ha tenido una estrepitosa mala suerte, pienso. Pasó un año en una editorial catalana que iba a publicarlo inmediatamente, contando con una subvención cultural que se eliminó precisamente en aquella convocatoria. En 2010 visitó dos editoriales universitarias de Barcelona, y en ambos casos se observó que no cubriría los costes de edición por tratarse de un trabajo especializado. Y meses después fue rechazado desde Valladolid, donde a los costes económicos se sumaba la necesidad de traducción.

Por fin, y a demanda de una doctoranda que necesitaba consultar sus datos, en abril de este año lo mandé de vuelta a casa (la UAB) para que fuera ingresado como "tesis antigua" en el sistema TDX. Fueron necesarios siete meses y múltiples llamadas y correos para que finalmente apareciera conectado a este enlace: 


Por si no queréis "leer" las 735 páginas... os contaré que Diego de Gumiel, burgalés de origen, fue impresor y grabador en Barcelona, Gerona, Valladolid y Valencia. Entre sus producciones incunables (anteriores a 1500) figura una edición barcelonesa del Tirant lo Blanch valenciano, que posteriormente imprimiría en Valladolid traducido al castellano. Mi estudio repasa la vida del impresor basándose en datos documentales, reúne la descripción de sus obras según los ejemplares conservados, habla del mundo de la impresión, la difusión y la traducción en su época y esboza una hipótesis sobre el posible traductor al castellano.



El tribunal que calificó con un sobresaliente cum laude esta investigación estaba formado por Rosa Navarro Durán, Coloma Lleal Galcerán, Rafael Beltrán Llavador, Manuel Llanas Pont y Francesc Parcerisas Vázquez.