Foto: David Larrosa, 10 años

jueves, 5 de abril de 2012

Extra de primavera: Indignados

  PATERNALISMOS


  La señora María vio que el sello del Departamento de Sanidad clausuraba una parada de pescado. En cierta ocasión se había enfadado mucho porque le habían vendido una merluza podrida allí. La nota oficial indicaba que el establecimiento “incurría en varias faltas contra la higiene y la salud pública” según la normativa de la UE número etc. etc. Ella simplemente había dejado de frecuentar la parada porque todavía era de los tiempos en que uno debía simplemente elegir dónde comprar y dónde no. Ahora, el estado velaba por los ciudadanos con normas reconocidas en el extranjero.
   Olvidó la anécdota en cuanto entró en el salón de su casa y encontró a su hijo de treinta años llorando a gritos. Se asustó mucho; preguntó qué ocurría sin entender nada y, por fin, entre los sollozos, escuchó que Leo, un amigo de la infancia, había muerto al salirse de una curva de la carretera con la moto a toda velocidad, de vuelta de los bares de copas que frecuentaban. A su hijo lo habían detenido para una prueba de alcoholemia.
 -Leo no me esperó. Huyó de un acelerón. Habría dado positivo.
   La señora María se sentó el sofá y entrecerró los ojos. La vida de su hijo le palpitaba bajo el pecho, y en la mente bailaba el rostro del amigo perdido; dio gracias a Dios y a la Delegación General de Tráfico, que como una nueva Inquisición censuraba a los conductores la pasión por la velocidad y el alcohol. Aquel era su día de suerte: le habían salvado el hijo. Entonces llamaron a la puerta.
   -¿María Gómez?
   Ella asintió.
  -Los papeles del desahucio.
  -Pero... 
   La señora María no esperaba una notificación, al menos no ese día.
 -Pero ya he explicado que fueron ellos, los del banco... el chico de camisa morada y corbata, comosellame... me aconsejó firmar esos papeles.
 -¿Quién? Bueno, en todo caso tendrá que demostrarlo ante el juez. Usted no puede eludir sus responsabilidades. Ha contraído una deuda, una responsabilidad financiera.
 -Pero...
 -Sí, sí, sólo queremos disfrutar de derechos. Pero tenemos también deberes. El deber de leer la letra pequeña, comprender lo que lee y saber qué es lo que firma. Conocer los productos que le ofrecen, calibrar su rentabilidad y su posibilidad de venta, seguir las evoluciones de la bolsa. Y naturalmente, estar al tanto de los valores.  Si no los retira a tiempo o espera a que crezcan las pérdidas, o si se encuentra en las manos un producto que ya no puede volver a vender, el problema es de su titularidad.
 -Entonces ¿para qué sirven los del banco? –gritó el hijo desde el salón.
  La señora María explicó que ella no podía hacer todas esas cosas porque había pasado una mala temporada: mostró sus papeles de viudedad, los del paro de su hijo, las cuentas exhaustas. Las facturas de las últimas intervenciones de su marido. Un abanico de desgracias se expandió sobre la mesa.
 -Todo esto no la exime de sus responsabilidades –respondió implacable el funcionario-. Ni de la tutela personal de sus inversiones. Vamos, que no la protege de su ignorancia, a ver si me explico. Si no es usted capaz de ser su propia agente financiera, debe asumir las consecuencias.
   El hombre le tendió los documentos. 
  La señora María imaginó un reguero de chalecos fosforescentes y un laberinto de banda adhesiva policial propagándose por todas las habitaciones de la casa. Imaginó a los vecinos que conservaban sus hogares. Imaginó la indigencia y los hogares de mendigos. Imaginó pescados podridos, muertos borrachos.
  La puerta de su casa, abierta como una carcajada, la expulsaba del sistema.

  

24 comentarios:

  1. Tremendo cómo has unido tanta desgracia en un micro, quedando éste además la mar de real. Muy buena esa imagen final de la puerta riéndose la HP.
    Un abrazo, susana.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues en realidad no quería unir desgracias, sino distintos grados de paternalismo del estado, que nos controla todo menos la posibilidad de irnos financieramente a pique. Así que te agradezco muchísimo el comentario, Miguelángel, porque he cambiado un par de detalles y hasta el título, para que se vea un poco más. A ver qué tal...
      Besos vacacionales.

      Eliminar
    2. Es el problema de ser el primero. Y comentar a la primera. Qué te has quedado con la primera capa. Si no es así, cuando lo relees durante el día, y echas algún ojillo a los comentarios del autor, entonces tienes una idea total de lo que quería decir el padre de la criatura. No fue mi caso esta vez. Lo siento.
      Ahora que lo he vuelto a recorrer con los asideros que tú y los demás han puesto, me llevo otra historia que poco tiene que ver con la de ayer a primera hora. Es lo que tiene la literatura, sobre todo la buena, que se transforma al tiempo que tú.
      Un abrazo, Susana.

      Eliminar
  2. Me gustó esa contradicción entre lo que te cuidan por un lado y lo que te martirizan por otro, sin olvidar la parte de responsabilidad del ciudadano. La imagen final es muy potente. Creo, además, que he leído por ahí no hace mucho alguna crónica que no dista mucho de lo que tu explicas. Y eso no hace peor tu relato, ni mucho menos. Eso hace peor la realidad, la sociedad. Abrazos, Susana.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Bueno, cuando me digas dónde lo ha leído, lo busco, Víctor, como el otro. Besos.

      Eliminar
  3. Qué bueno Susana!!!
    El estado nos cuida en algunas cosas como tu bien dices y en otras nos deja abandonados a nuestra suerte permitiendo que nos estafen y nos roben la vida. No deja de ser una contradicción...

    Besos indignados desde el aire

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Besos sonrientes, para contrarrestar, Rosa.

      Eliminar
  4. Me parece una auténtica genialidad la última frase.

    Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me parece una auténtica generosidad por la tuya, Adrián. Abrazos.

      Eliminar
  5. Con un tono didáctico pero sin ocultar los dramas actuales. Muy bien rematado.

    Un saludo indio
    Mitakuye oyasin

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Voy a por mi diccionario indios. Saludos, David.

      Eliminar
  6. Cuánta potencia en ese final de puertas abiertas a carcajada limpia,,, me quedé pensando en las libertades del mundo nuestro y si en vista de las tremendas desigualdades del mismo no son exactamente lo que en tu genial micro; puertas abiertas (de risa sardónica).

    Me fascino ese primigenio paseo por soledades para acabar en la lúcida e instantánea visión de un estado temible, tan temible por los recaudos que uno debiera tener con cualquier Padre-vampiro.
    Lo más siniestro son ciertas contradicciones, que al huir de los espejos se transforman en hipocresía.

    Abrazos indignados y admirados.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Padre-vampiro es una muy buena definición (aparte de muy sugerente para próximos cuentos) de los estados modernos y rendidos al poder financiero. Gracias Juan, un beso.

      Eliminar
  7. Odio los paternalismos, las actitudes paternalistas y claro cuando vienen de Papá estado como tan bien has reflejado y son según intereses. Al final estamos con el todo para el pueblo pero sin el pueblo que estudiábamos en el cole.


    Abracico

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Enhorabuena por tu iniciativa, Rosana. Es impresionante la adhesión que ha tenido. Un abrazo.

      Eliminar
  8. Esa imagen final es muy potente, pero tan real.
    Mucho dictar normas para proteger, mucho motivar al ciudadano para que consuma pero cuando llegan mal dadas, es al que machacan.
    La dura realidad es que todos estamos en el camino de la señora María... Muy buena tu contribución.

    Besitos

    ResponderEliminar
  9. Susana, hoy nos traes un relato realista que lo que está ocurriendo. Es un grito contra culpabilizar a los abuelos, a los ahorradores. Siempre se ha confiado en los empleados de banco, y ahora esto. Y el Banco de España dando instrucciones para el despido, en vez de velar por los engaños. En fin. Que tu relato se lee muy bien.

    ResponderEliminar
  10. La verdad es que he estado escribiendo y borrando durante cinco minutos... porque todo lo que quería escribir era, quizá, demasiado combativo. Al final sólo se me ocurre una pregunta.

    ¿Leísteis la letra pequeña de vuestra hipoteca en el momento de firmarla?
    Yo lo intenté, y sinceramente, no pasé de la línea ocho, en primer lugar por esa sensación de quedar como el desconfiado en un pacto entre caballeros (que imbécil me parezco a mi mismo, "caballeros"), en segundo lugar porque el galimatías está escrito en un lenguaje tan jurisprudente como ininteligible para los profanos y en tercer lugar y posiblemente más importante, porque... Si quería esa vivienda... ¿había otra forma de conseguirla que no fuera pasar por el aro?

    Buen relato, Susana.

    Creo que la iniciativa de los relatos indignados es genial, pero a mi me causa una sensación extraña porque me impide disfrutar de vuestros textos el primer jueves de mes... entro a leer y en lugar de disfrutar me voy con las tripas revueltas y la tensión ascendente.
    Un abrazo Susana.

    ResponderEliminar
  11. Muy real Susana. Estoy totalmente de acuerdo con que los bancos son unos usureros, y que el estado debería velar por la letra pequeña, como el papá-estado. También me parece real el que este problema afecta más a una generación de algo más mayores, y que los niños -grandes- que viven bajo el mismo techo están como bien describes, caprichosamente a su aire, motos, coches, salidas,... viviendo en la cercana irresponsabilidad -en la inopia-, de hecho, el "niño" en el relato grita desde el salón, ni se acerca al problema. Y por otra parte, entendiendo todo lo que bien describes, me queda la pregunta de, qué se debería hacer si alguien -por ejemplo yo- no pagase la hipoteca, es decir, cuál podría ser la propuesta que no suponga que a partir de ahora nadie pague su cuota. Lo veo difícil, no sé.

    Gracias por el relato. Un abrazo

    ResponderEliminar
  12. Después de leer ya bastantes post de indignados, Susana, el tuyo me resulta particularmente especial. Cúmulo de castástrofes enlazadas junto a implantación del desamparo total.
    Hay muchas cosas que un español de a pie no entiende ni entenderá nunca: la forma en que nos han robado el estado de bienestar. Nuestros principales maleantes, los que nosotros elegimos, nos han vendido al mejor postor, nos han empeñado al poder de la avaricia y han enterrado nuestras ilusiones.

    Duro, pero real.

    Besitos.

    ResponderEliminar
  13. Vaya suena al inició de una novela de Orwell, o cuento del mismísimo Asimov. Cuando nos quieren sobreproteger, también nos dan límites, nos censuran, podría iniciar la ciencia ficción desde este punto, desde estas reglas generales para los países Susana. Ciencia Ficción y luego será real. Desde un banco, caray Susana, da miedo eso. La última frase está genial, nos dice que no tenemos nada. Abrazos.

    ResponderEliminar
  14. Muchas gracias por comentar, ELYSA, XIMENS, FERNANDO, ARTE PUN, ENMASCARADO y ESKIMAL, y por compartir la perplejidad en que estamos un poco todo metidos hasta que nos toca de cerca. Ojalá se frene la tendencia. Abrazod.

    ResponderEliminar
  15. Me encabrona este relato como no sabe nadie. Los bancos son la cueva de ladrones más grande del mundo. Y sus esbirros...¡Vergüenza debería darles ir por ahí con desahucios y timos!

    Abrazos muy indignados.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por tu cabreo, Lola. Pero no te hagas mala sangre, que se necesita toda...

      Eliminar