Foto: David Larrosa, 10 años

martes, 13 de diciembre de 2011

HELIOCENTRISMO

   Me atraía de forma diabólica el modo que tenía Luz de rasgar el sobre, verter el azúcar en el pocillo de café casi sin prestarle atención y luego, con ambas manos, tomar la bolsita rota y vacía y meticulosamente doblarla sobre sí misma hasta tres veces, con simetría y precisión copernicanas, para acabar estrangulándola en una espiral imposible y enseguida dejarla caer con hastío, casi con desprecio, sobre el platillo del café.

    Me atrajo de forma ineludible la noticia que protagonizaba Luz en el periódico, única superviviente del secuestro de cuatro miembros occidentales de una Ong en las fronteras de un país africano cuya violencia no conocía más límites que la extorsión y la tortura, la amenaza y la muerte, cuando no el asalto a las grandes entidades financieras del planeta desde su oscuro poder en las bolsas.




martes, 6 de diciembre de 2011

LIBRE ALBEDRÍO

    Antes de pisar la colilla del suelo, me detengo: algo se mueve. Un tipo pequeñito, camiseta amarilla y grandes bíceps, trata de sostener mi pie con su titánica fuerza. Me agacho y me pregunta si me gustaría ir con él. Por supuesto que le sigo. Corre como un loco, siempre en línea recta. Llegamos a una especie de hormiguero. Aquí, me dice, ésta es mi ciudad. Dentro, un enjambre de personitas desarrolla una pacífica vida capitalista. Tienen sus casas, sus tiendas, sus lugares de ocio donde el tipo amarillo quiere exhibirme. Pero no voy a caber, le indico. Él ha pensado en todo. No, no, tú espérate aquí fuera que yo voy a anunciarte.
    La espera se me hace larga, la verdad. Empiezo a dudar de la cordura del individuo. Al final sale trayendo tras de sí a toda la ciudad, o eso me parece, como un flautista de Hamelín que los acaudillara. Se desparraman por los alrededores y yo me siento en el suelo, dispuesto a actuar para mi anfitrión. Presume de domador de monstruos y yo le dejo: sube por mi brazo, se cuelga de mi labio inferior, cabalga sobre el puente de mi nariz. Hasta que me sobreviene un estornudo del que sale catapultado contra la multitud. Involuntariamente los salpico a todos de microbios, se propaga una ola de pánico y los altavoces proclaman alerta por pandemia, radioactividad 7; huyen despavoridos por los agujeritos.
    Sólo queda mi hombre. Envuelto en la extraña sustancia verde que escupí involuntariamente -él la coloca en forma de taparrabos-, es el único que se vuelve hacia mí. Abre las piernas hasta formar un puente, coloca las manos sobre las rodillas y levanta uno de los pies, que deja caer a plomo. Luego toma un puñado de arena del suelo. Ceremonialmente lo arroja y me lanza el grito de reto. 
    Los valientes siempre responden a la adversidad.


imagen tomada de la red

viernes, 2 de diciembre de 2011

Los viernes conversamos

    Hoy, en lugar de disparar cinco o diez preguntas, prefiero presentar aquí un power point que encontré cuando andaba buscando el modo de defender la importancia de trabajar de forma creativa el lenguaje.

    Para algunas personas las figuras literarias son algo caduco, o incluso una expresión de pedantería. Quizá les retrotraen a la niñez -cuando las figuras se aprendían fatalmente de memoria, junto con sus ejemplos. Sin embargo, un uso hábil y adecuado de estas herramientas retóricas sirve para acercar al lector: le llama a formar parte del texto.

    En el siguiente montaje fotográfico se muestra cómo la publicidad ha adaptado técnicas de retórica literaria para impactar y vender. Su uso es muy efectivo, y a mí me recuerda el mecanismo de asociación que utilizan algunos microrrelatos. A ver vosotros qué opináis.