Foto: David Larrosa, 10 años
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martes, 17 de julio de 2012

KILÓMETRO CERO





     El verde mediterráneo se incrusta en mi paisaje azul con ojos. Tus ojos que me miran borrachos. Revienta el sol en el cielo. No hay lugar de regreso ni vieja canción: piel de ayer, edad de hoy, consciencia de mundo que escapa para siempre. Floto como diente de león sobre el mar.
     En este no estar no tengo nada. Subo al cielo que deslumbra, día de verano, mis pupilas. El corazón me arde en la inconsciencia ciega.



Con este ¿micro? os deseo buen verano y me tomo un receso. Ojalá todos pongamos el contador a cero; nos queda mucho por delante.  

martes, 3 de julio de 2012

SILENCIO III


     


     Ahora todo lo que tienes que hacer es recordar lo bueno. El sonido de la campanilla de cristal que no te dejaban tocar sin un adulto al lado. Las carreras sin freno por el pasillo. El olor a comida que escapaba de la cocina. La caricia de las cortinas de terciopelo verde contra la mejilla, cuando nadie miraba. Y desde luego, aquel armarito prodigioso, lleno de botellines de licor bien alineados: gin, coñac, whisky, vermut, ron añejo, pippermint, tío Pepe. Un estuche que te convertía en camarero que servía cócteles en un bar.
     Hubo un tiempo en que las zapatillas del abuelo, gastadas e inmóviles al borde del impecable cubrecama de seda, te daban pánico. ¿Por qué seguían ahí? Al pasar ante la puerta entreabierta las mirabas por el rabillo del ojo y echabas a correr con el corazón saltándote del pecho.
     Rebanada de pan con vino y azúcar. Tebeos de dos céntimos para pasar la tarde entera. La tía cosía en el comedor mientras la cuerda ronca del reloj anunciaba costosamente las horas. Tus padres siempre estaban fuera, arreglando unos asuntos.
     Había que dejar pasar semanas, o meses, pero pasaron años. Te fuiste a estudiar y dejaste la espera atrás. Apenas una llamada de teléfono de vez en cuando, quizá para contar alegrías, jamás para preguntar si algo había cambiado. La tía te quería tanto.
     Ahora abres la oscuridad de la casa, remueves su aire dormido. Una pátina de polvo lo cubre todo, pero no empaña el valor de los recuerdos. Ahora que todo es tuyo, incluso el tiempo, ni siquiera el estuche de los botellines, aún sobre la cómoda, llama tu atención. Has venido a por papeles, pero no los buscas. Sin darte tiempo a abrir contraventanas acudes al cuarto lúgubre, decidido, aunque conteniendo la respiración. De nuevo el miedo te abruma el pecho. Giras el pomo dorado, ves el cubrecama impecable, compruebas que las zapatillas ya no ocupan su lugar.  

martes, 31 de enero de 2012


SILENCIO I

   En esta casa no hay domingos ni festivos. Los postigos permanecen entornados día y noche. La quietud de afuera, sólo rota por el paso de mi barca a la luz del crepúsculo, se desdobla en el interior sala por sala.
   Custodio los latidos cada vez más tenues de los muros. Sé que falta poco para que impere el vacío; deseo entrar y enseñorearme de su espacio de paredes altas, de pálidas yeserías y lánguidas penumbras. Otros caserones habitan la melancolía agreste del delta, pero ésta y no otra será mi casa, entre huertas, bosques y sudestadas. Mi casa para descansar del interminable remar de mi canoa.
   No me importa su precio en almas.


                                           Horacio Butler


SILENCIO II

   El ronquido vetusto y gigante resuena por toda la casa: de la habitación oscura brota el estertor. Su ritmo exacto iguala noches y vigilias. María teje y desteje una cárcel de cuidados.
   El ruido del bastón, pam, pam, pam, la urge a cumplir exigencias. Con una mirada interpreta una orden. No tiene vida, sólo respuestas.
   Hoy la luz inunda toda la casa. El aire corre, no huele a fármaco. Sábanas de algodón limpias y el claro del crucifijo ausente le recuerdan que el silencio existe. Ya evadida, aún secuestrada, María escucha siempre el pam, pam, pam de aquel bastón. 




Acabo de descubrir que Juan Yanes ha colgado estos dos textos en su blog, Máquina de coser palabras. ¡Muchas gracias, Juan! Quien lo visite descubrirá un blog excelente, con antologías, decálogos de escritores, entrevistas y, por supuesto, los textos maravillosos de Juan.

martes, 13 de diciembre de 2011

HELIOCENTRISMO

   Me atraía de forma diabólica el modo que tenía Luz de rasgar el sobre, verter el azúcar en el pocillo de café casi sin prestarle atención y luego, con ambas manos, tomar la bolsita rota y vacía y meticulosamente doblarla sobre sí misma hasta tres veces, con simetría y precisión copernicanas, para acabar estrangulándola en una espiral imposible y enseguida dejarla caer con hastío, casi con desprecio, sobre el platillo del café.

    Me atrajo de forma ineludible la noticia que protagonizaba Luz en el periódico, única superviviente del secuestro de cuatro miembros occidentales de una Ong en las fronteras de un país africano cuya violencia no conocía más límites que la extorsión y la tortura, la amenaza y la muerte, cuando no el asalto a las grandes entidades financieras del planeta desde su oscuro poder en las bolsas.




martes, 27 de septiembre de 2011

ESTADO DEL MALESTAR


    
    Sólo se bebía agua del grifo. Jamás un disfraz de carnaval. Ni hablar de teñirse en la peluquería o de gastar en teléfono para contar una buena noticia que, al fin y al cabo, podía evaporarse enseguida. Cuando los chicos necesitaban jugar al amigo invisible, llevaban la propia invisibilidad.
    La aridez de los Infiesta fue enquistándose y, a la vuelta del milenio, el médico diagnosticó síndrome de posguerra eterna con problemas de olvido neuronal. Les recetó alegría, pero se implantó mal por razones genéticas. Les dio píldoras para mitigar las carencias, pero hubo efecto secundario: ofensa y victimismo (se daba en raros casos, sólo entre inmigrantes y funcionarios). Desesperadamente el doctor invocó una antigua terapia de bienestar que había tenido éxito en todos los países europeos después de la Segunda Guerra Mundial, pero la familia lo interpretó como mera avidez del médico por vaciarles los bolsillos y quedarse con todos sus ahorros, tan dolorosamente almacenados contra miedo y marea.
    Entonces llegó el ilusionista. Fue él quien se llevó toda su abstención (y era mucha: cosquillas, trenzas, gafas de sol, viajes fuera del ombligo, fiestas sin cumpleaños...); se la quedó en su sombrero y les dijo que les pagaba con La Identidad. Que eran Auténticos, y en ellos estaba depositaba la esperanza de su estirpe, ahora que él les ilusionaba con una.
    Los Infiesta siguieron sintiendo miedo y viviendo ofendidos, pero ahora crecieron y se multiplicaron y sus generaciones desbordaron los confines de su ombligo.


    Neesito vuestra ayuda. Este texto lo escribí antes de la famosa crisis y de la obligada austeridad que ha impuesto a muchas familias. Me gustaría saber si os parece que se sostiene o resulta confuso en la actualidad.  Mi intención, no sé si se logra, era hablar de ciertos conflictos psicológicos justificados con una falsa "identidad" social (sólo una forma, a mi entender, de amargarse la vida). Gracias por vuestra opinión al respecto.

martes, 9 de agosto de 2011

DESLEALTAD



Esta vez te sorprendes de que el daño sea superficial: el machete iba directo a partirte el corazón, pero no ha podido penetrarlo. Sólo tienes una raspadura externa que ni siquiera va a infectarse. Deberías exudar poder, pero en cambio, sientes un desamparo gélido por tu nueva inmunidad, cultivada con la paciencia de un explotador de yacimientos.
Durante meses trabajaste la imagen del escudo, que no sirvió para nada. Ahora, pensar que entre tú y lo que sientes por su deslealtad sólo media el manojo de cables de un explosivo de voladura, y que ese manojo eléctrico lo corta tu cerebro voluntariamente, con el audible chasquido de un alicate de electricista, no resulta liberador. Te sientes más fuerte, sí, pero has entrado en una nueva dimensión de la infelicidad. Contemplas tu entorno desde el autismo.
Es cierto que todo es más inocuo. Aquella sensibilidad extrema era una hemorragia constante. Habías llegado a sentirte por dentro como manta de trinchera. Pero ahora contemplas cómo navega por el sueño de los falsos inocentes y sabes que el chasquido del alicate va a costarte un precio impagable.



martes, 14 de junio de 2011

TANGO

   


   







    Uno se cree que no le importa a nadie, y entonces llega alguien que mataría por ser como Uno. Uno se crece un poquito, se anima. Uno empieza a tomarle cariño a quien mataría por ser como él. Le confía sus entusiasmos más íntimos y se explaya en una exaltación incauta. Eso revienta al Otro. Otro se mosquea, se indigna. Otro se siente agredido. Sólo le superan en sueños, pero él no los tiene. Finalmente atenta, pública y notoriamente.
    Ahora Uno ya sabe que sí le importa a alguien, pero casi prefería los tiempos en que no.


    Dedicado a mi amiga Carla Rubio, que me regaló la primera frase. Y con todo mi cariño porque acaba de cumplir por segunda vez su sueño de ser madre.

martes, 24 de mayo de 2011

LA INTENCIÓN NO ES LO QUE CUENTA


Respiro hondo y siento que al respirar me despego un poco más del cuerpo. Es una sensación extraña: pierdo adherencia. Me divido. Me da miedo pero la curiosidad es más fuerte, así que repito la inspiración y al soltar el aire voy comprobando que sí, me separo de mi cuerpo, lo siento ondear como si estuviera en el agua. La cabeza todavía está anclada al cien por cien, pero el torso, los brazos y las piernas flotan.
Ondeo, qué duda cabe. Sólo me lastra la cabeza, que pesa tanto como una piedra obstinada. Pero yo gravito. Sonrío y pienso en Virginia Woolf, en Sylvia Plath. Tiene algo de cómica y feliz la circunstancia. El estímulo del viaje inminente me transmite una dicha inmensa, como cuando contemplé el Ouse y sentí un vértigo que me llamaba. Y ahora, de pronto, es el río el que viene a buscarme a mí. Respiro una vez más, lenta y profundamente, determinada a deshacerme del cerebro. Sé que la corriente me llevará en cuanto libere la cabeza. Ya casi.
A punto de desatarme toda, una manita conocida, tierna y pequeña, me toca el brazo: Mamá.



                                  Fotografía del Delta del Ebro: David Larrosa.


martes, 17 de mayo de 2011

AUSENCIA

   Si pongo mucha atención, si casi no respiro, puedo sospechar su sombra deslizándose veloz por el pasillo cuando abro la casa para ventilar, por las mañanas. Quizá sea el vuelo de una cortina, me digo racionalmente; vuelvo a escuchar y el ruido de mi corazón me estorba.
   Es ágil como el pensamiento. Sabe que le espío, por eso corre: tanto, que su imagen se oblicua y transparenta, se ondula con el oscilar de las cortinas. A ratos se va, luego se afila con un reflejo de automóvil que cruza la pared de enfrente.
   Un día casi vi su pelo negro. Tal y como debería ser: corto, brillante, fugaz en su cabecita de seis años. Travieso conmigo, nunca aparece cuando están sus hermanos. Por toda la casa se expande la presencia alegre que late en el centro del pasillo... sólo cuando hay soledad.
   Polvo, se detiene para flotar interminablemente en un cono de luz donde la palma de mi mano recupera su perdido calor.