Foto: David Larrosa, 10 años
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martes, 22 de mayo de 2012

EXPLORACIÓN


     

     La cartografía: ésa fue siempre mi debilidad. En todas mis vidas pasadas y en la presente. Pero quien esté libre de pecado que tire la primera piedra; yo, desde luego, cedí a sus cantos de sirena. ¿Tan absurdo es?, me pregunto ahora, cuando por fin mi alma se desata de los designios de sus viejas carnes. Carnes que tracé sobre mapas de piel curtida, montes que subí y luego bajé hasta cavernas llenas de ominosa oscuridad; ríos vadeados, meandros a plumilla, llanuras de carbón e inexpugnables selvas. La piel y la tierra, un solo mapa.
     Dejo a Sesostris, al escriba de Tolomeo, a Su-Song, Al-Idrisi, los dos Juanes,  Colbert y hasta a John Snyder. Todos ellos fui yo. Huyen tabletas, portulanos, mapamundis y cartas de marear. Me desprendo de ellos vida a vida, plano a plano; cae mi epidermis capa a capa, se extingue mi último aliento, y la luz final de mis neuronas se encierra, consume y concentra en un único latido de energía. Núcleo potente y cegador que, por fin, sale despedido y desnudo rumbo a la incógnita de la eternidad.


martes, 10 de enero de 2012

ENCOMIENDA



La fortuna del bisabuelo alcanzó a tres generaciones y ahora yo, arruinado, debo donar su mansión al Ayuntamiento. Van a convertirla en un museo, y sin embargo me exigen a mí que retire la palmera que crece a la puerta del jardín indiano. La fea ulceración del tronco ahuyentaría al público, dicen; caterva de mojigatos  [que] espera profanar mi herencia.
Yo mismo acudo a la finca hacha en mano. Quiero asestarle en persona el golpe de gracia. No recuerdo cuántas veces trepé a su tronco hecho mástil o fui atado, cautivo, a esa rugosidad que de adolescente acompañó mis soledades. Su sobrio perfil cruzó la vista del mar, al fondo. El mar por donde llegó siendo aún semilla.
Descargo el primer corte, certero; cuesta despegar la herramienta. Va el segundo; se estremece. Me sacudo las sensaciones y la vida y le doy el tercero con determinación. Golpe de carne y hueso.
El tronco se despereza. Cruje  y abre una lenta boca. De la amarga hendidura se despliega un grito agudo, progresivo, demente, grito de mandrágora que perfora varias generaciones. Me trepana y, enloquecidos los tímpanos, mi vista se imanta en el interior del tronco: un feto fósil, de rostro petrificado y párpados prominentes, duerme un lúgubre sueño. La raíz umbilical que envuelve el cuerpo es un áspid de madera. Me acuerdo del tío Abel. De su hija Susana. 
Paralizado, me hundo en el suelo mientras las hojas de la buganvilla y el castaño se agitan a mi espalda, y roídos por un cáncer interior los troncos revientan, las ramas caen, la tierra eructa humedades. De cada raíz brota un engendro monstruoso que empieza esforzadamente a reptar por el jardín. A la voz del ininterrumpido grito despiertan al unísono. Sus formas me conmueven, pero el horror no me alcanza. Quizá supe siempre que este sería mi destino, la vuelta al suelo. No huyo. Lo que enferma sana y da salud. 
Consigo llegar a la cancela. Voy a cerrarla. Si logro aplacar a estas bestias fundaré un nuevo futuro. Nadie sabrá más de mí, lucharé hasta que dome a los engendros. Empuño el hacha. Construiré el primer bestiario de las Américas, catálogo de monstruos y prodigios, zoología para locos y valientes. Para quienes entienden de coraje, para quienes comprenden que todavía hay algo por hacer.
Cinco años y fortuna. 


martes, 25 de octubre de 2011

ROMANCE FRONTERIZO


Ella es muy joven y está casi convencida de que estar con él es lo que tiene que hacer en esta vida. Que él es su destino. Él no lo duda. Ella duda de su convicción. Él hace planes por primera vez: cree que ella es su ángel y que sólo con ella existe un futuro. Promete que todo cambiará. Ella no sabe si todo cambiará. Cambiará de vida: será un hombre respetable, buscará trabajo, tendrán hijos. Ella ni se imagina encinta. Él la necesita para siempre. Puede que ella también a él. Tanto depende él de esa conjunción redentora, que jura que ella es su ángel. Moraima no puede negarse a ser un ángel. Él dice que es sólo suya. Aterrador y sublime. La joven duda un segundo. Luego decide que el amor es así: absoluto.
             Cuando regresan de la boda, él cierra con llave la puerta. 






Este micro es un modesto homenaje a uno de los romances que más veces he releído y que más admiro. En términos modernos creo que hasta podríamos calificarlo de "microrrelato", no sé. Va el enlace para quienes no lo recuerden, y a pesar de que la comparación me deja, obviamente, muy por detrás del original.

martes, 7 de junio de 2011

PELEA EN EL MESÓN

    Detuvo su vigorosa escritura, cansado de la pelea tabernaria que perturbaba su ánimo. No es un hombre más que otro si no hace más que otro, exclamó. Le replicaron con un Qué sabrás tú, manco, si no sirves para nada. Unos dicen que inmediatamente arremetió contra el injuriador, al que tumbó de un buen derechazo en la mandíbula, y que este cayó al suelo con los dientes bañados en sangre. Otros cuentan que paralizó la escena con una plática sobre entretenimiento y utilidad, lección y elección en la vida y la literatura. Por último, hay quien asegura que se conformó y siguió escribiendo sobre la oscura realidad de su época. Lo curioso es que los analistas del futuro atribuirán la frase al cajista de imprenta.







martes, 26 de abril de 2011

EL CAMINO

    El carro de La Tortosina paseaba por las calles de Caracas exhibiendo una fenomenal botella de vino. No podía pasar desapercibido. Fernando, el cochero, vestía con orgullo traje, gorra y corbata que le había proporcionado el amo Tomás, y era el encargado de regañar al pobre Joselito, que lo acompañaba, sin prestarle ni por un segundo las riendas. Esa mañana no tenían mucho más que hacer que exhibir la botella gigante con el anuncio de la casa; la víspera, un jugador empedernido había hecho saltar la banca. El dueño estaba arruinado. La mujer del amo, embarazada de su cuarto hijo, tomaría un barco con los tres mayores al cabo de unas semanas y regresaría apresuradamente a España a enfrentar una vida de pobre. "Te vas en tercera porque no hay cuarta." El espejismo de las Américas les había durado poco; y sin embargo, Fernando y Joselito salían a la calle a pasear el coche de La Tortosina como si aquel fuera un día más.
    Tal vez lo fuera para ellos.





Dedicado a mi padre en el quinto aniversario de su muerte.