Foto: David Larrosa, 10 años
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martes, 6 de noviembre de 2012

GALERADA


GA
LERA
DA

A treinta de julio de 1526,
ante la adversidad confirmada
bajo los augurios de la Cruz del Sur,
cabe la costa do naufragó la Santi Spiritu,
con veinte hombres a bordo luchando
contra el hambre y la sed, huimos
de tierra inhóspita y enferma:

desde Once Mil Vírgenes,
durante una expedición sin anales,
en pocos días alcanzamos Laguna Blanca.
Entre guanacos y onas vivimos, mas
hacia su invernal mes de agosto,
hasta los indígenas morían.
Mediante la oración,
para y
por la Fe,
según la inquebrantable lección y elección del agustino Diego Feijoo,
sin dolor entregamos el cuerpo para que Dios nos santificara,
so pretexto de evitar que futuros navegantes pereciesen; y
sobre las eternas olas, convertidos en almas errantes,
tras la voz de la brisa ahuyentamos las naves
mediante un lúgubre, fantasmal ulular.

Versus la tentación del infierno, Dios modifique vuestra trayectoria y os salve
vía oración y devoción a nuestra misericordiosa Señora de los Mares del Sur. 




Nota histórica: Después de la expedición magallánica, García Jofré de Loaisa partió el 24 de julio de 1525 de la Coruña al mando de siete naves y se adentró de nuevo por el estrecho en busca de una ruta hacia las Molucas, islas de las especias. Dos de las naves regresaron a España, y sólo una llegó a culminar la travesía. De camino, la Santi Spiritu, con Elcano a bordo, naufragó frente al actual Cabo Vírgenes; Elcano pasó a la Victoria y vio morir en ella a Loaisa, al que sobrevivió sólo cinco días. Que algunos tripulantes alcanzaran Laguna Blanca y convivieran con los onas es invención mía; por eso digo que no hay anales. Que se quedaran espiritualmente en la zona para advertir a futuros navegantes, también... Fue en su busca Saavedra, al frente de la última expedición española por el estrecho, al menos en dos siglos.
Nota anecdótica: El sentido de este texto se entiende mejor si se lee en voz alta, al contrario que casi todos mis demás microrrelatos. Debe ser cosa del fantasmal ulular.
Nota biográfica: Dedico “Galerada” a mi querida amiga Violeta Medina, con quien aprendí las preposiciones (hoy ampliadas por la RAE) en el cole. Tengo entendido que estos días necesita un barco para bajar por el paseo de Belalcázar, Córdoba, momentáneamente anegado. 


martes, 25 de septiembre de 2012

A LA CAMA SIN CENAR




Llaman a la mesa pero no importa, aún tengo tiempo para la última réplica. Maldición: el Anfitobeum la ha previsto, alza las alas y escupe un rayo de fuego. Me queda un Ataque Agua. Disparo y el chorro entra por sus fauces. Cae de espaldas, fulminado. Humea, intenta levantarse. Dicen que estoy muy mayor para jugar a esto pero oigo ‘¡estamina baja!’ y no puedo dejarlo, tengo que hacer un último esfuerzo para pasar de nivel. Activo el Bono Estamina que he ganado con el impacto y un rugido l.000 decibelios rompe sus tímpanos alienígenas y me coloca tres estrellas en el vértice, y una vida.
La consola vibra, una gran onda expansiva incinera la pantalla y alguien dice a lavarse las manos, a comer. ¡Maldita sea!, hay Partida Nueva y un Mentoniak salta a la arena, furioso. Imposible dejarlo ahora. Es un Mentoniak Blue y avanza decidido hacia mí. Sé que tiene una Burbuja Eléctrica; si me adelanto, aún puedo interceptarla.
El Mentoniak levanta la cola de escorpión y por una fracción de segundo sé que debo empuñar el escudo, pero la tercera llamada a la mesa me distrae, titubeo y no lanzo el ataque.
Mi perdición. Culebrea a una velocidad de mil demonios y con su alfange de escorpión me cercena la cabeza a la altura de los cuernos. Noto cómo el cerebro me salta por los aires, me estalla el pecho y mi sangre verde salpica alrededor mientras un tintineo de fondo proclama que los puntos se acumulan fatalmente en el marcador contrario.


Para David (que siempre cena).

martes, 11 de septiembre de 2012

COMPETENCIA INÚTIL



Esbeltas, livianas y rutilantes, se precipitan en una carrera que se desviven por ganar. Un fondo de aplausos las envuelve. Nadie les garantiza el futuro, aunque probablemente esperan tener éxito. Me han tomado mucha ventaja, pero yo sé que ser redondita y cachazuda tiene su propio premio. Simplemente porque estoy siendo observada por ti. Soy todo tu mundo en este instante: un mundo esférico de gota transparente, tranquilamente aposentada en tu ventana.



Dedicado a mi amigo Javier Ximens (intentando comprar su benevolencia, jeje). Con un beso.

martes, 14 de febrero de 2012

TEST DEL DÍA DE LOS ENAMORADOS


   Para besar a fondo no importa que el otro sea hombre o mujer. Basta con unos buenos labios, carnosos, lengua acaracolada y juguetona y ojos entornados con sinceridad, que se abandonen realmente al instante. La mente apagada, las ondas cerebrales en regresión, el pasado en suspenso y el futuro en nebulosa.
   Con las papilas gustativas se tantea el terreno: sube la temperatura unos grados. La lengua avanza cual comando pionero, entre dientes, sin temor. El tacto labial calibra la urgencia del beso y la succión sirve para indicar el énfasis, así como el deseo de deglutir al otro entero.
   Si las respiraciones se acompasan, el resultado es excelente. Si falta el resuello puede interpretarse como indicio de torpeza o exceso de intensidad. En caso de duda entre ambos supuestos, desempata la mirada ebria; no valen apatías.
   Se aconseja respuesta a rajatabla ante detección de fraude: dar una patada al rostro y dejar que rebote dos o tres veces antes de colarse por el desagüe del olvido. No hay 14 de febrero que justifique la mentira.
   Suerte.

Este test de pretensiones cortazarianas fue escrito gracias a la interpretación que hizo de Una habitación con vistas el grupo de lectura de L’Ateneu de Sant Cugat, al que dedico el texto. Se decidió por unanimidad que los besos de la novela eran falsos.

martes, 17 de enero de 2012

UNA VIDA VIVIDA

Murió con las botas puestas, murió al pie del cañón tras luchar a brazo partido contra larga enfermedad. Tomó al pie de la letra que de esta vida sacarás lo que disfrutes nada más, y como largueza y altruismo empiezan por uno mismo, compró arroz para vivir y flores para saber hacerlo; que como dice el mosquito a la rana, "más vale morir en vino que vivir en el agua”. En latino, collige virgo rosas.

Hueso duro de roer, con la muerte en los talones clamó que siga el espectáculo: hoy por hoy yo sólo espero, si alguna astilla soy de tal palo, saber tan bien vivir como quien ha de morir; pues quien sólo de esperanzas vive, de hambre muere.

Apurar cielos pretendo y siendo ceniza, tener sentido. Y como nadie se muere en la víspera, y para aprender y tomar consejo me dicen que nunca se es viejo... emprendo el arte más largo:








martes, 20 de diciembre de 2011

Hoy tengo el gusto de presentar el relato que me obsequió un apreciado colega,  Francesc López Camacho, autor de un blog joven y activo. Francesc está tanteando formas, y elaboró el texto que aquí os dejo a partir del relato que colgué yo aquí hace unas semanas, Perspectivas. 
¡Muchas gracias por darle la vuelta a mi pecera, Xesc!  Espero que os guste y le visitéis en su propia casa.


                                                     Cuadro: Rafael Rodríguez Baixeras. Pecera de peces rojos sobre sillón rojo


   Naturaleza cruel   (de Francesc López Camacho)

   Teníamos una peza embarazada en la pecera. Era muy bonita y se había puesto muy gorda como lo había estado mamá meses antes. Descansaba en el suelo pero mi hermano la molestaba con golpecitos para que no se durmiera. A mi me daba pena porque cada vez flotaba menos y su marido pez no la ayudaba más que en la limpieza de la casa. Como papá a mamá. Se pasaba el día limpiando el agua, comiendo plantas y poco más. Eso decía mamá para que no nos preocupásemos. Yo sé que no, que se comía a los otros peces para hacer sitio a sus pecitos. También me daban pena pero yo estaba con los bebés. Fueron muchos huevitos. Los vimos explotar de su cola como un chorro de leche en grumos. Nos fuimos a dormir y como al final mamá no compró la red que le pedí, los pecitos metidos en los huevitos desaparecieron. El pez papá seguía creciendo y limpiando a la mañana siguiente y la peza no descansaba. Yo até cabos y le pregunté a mamá. Ella dice que no pero se escondió para llorar y luego salió de la habitación con ojos de pez. Yo creo que sí, que papá se comió a mi hermanito.

martes, 22 de noviembre de 2011

FENOMENAL

La tercera visita que entró en la habitación y me dijo que los piececitos del bebé eran una auténtica monada disparó definitivamente mis sospechas. Repliqué, suspicaz, que con el calor de agosto era absurdo calzar a un recién nacido. Pronto añadió alguien que tenía una mirada muy viva. Eso me calmó un poco. Luego entró la comadrona y saludó a todos: me saludó a mí, hizo una broma, felicitó a mi marido, todo con desenvoltura y simpatía, pero pasó por alto al bebé.
El niño gorjeaba en su cuna hospitalaria. Cuando pregunté si alguien quería tomarlo en brazos, todos rehusaron aludiendo inexperiencia propia y fragilidad ajena. En ese momento llegaron mis suegros, tan altos, tan distinguidos. Ella había llorado. Quizá me ocultaban algo grave, ya que por la mañana habían pasado apenas unos minutos en mi habitación y habían huido despavoridos a la cafetería, como si necesitaran desesperadamente desayunar.
Cada vez más inquieta, rogué a todos que salieran porque iba a dar el pecho con el pudor de la primera vez. En el último instante agarré el brazo de mi madre y supliqué una confidencia. Pero en un susurro solemne, ella replicó:
-Yo estoy muy orgullosa.
            Sólo me quedaba mi marido. El único de quien podría fiarme, como siempre. La persona más buena y afectuosa que he conocido. El hombre de mi vida. Estaba tan feliz en su recién estrenado papel de padre... y sin embargo, desde el interior de la habitación, por la rendija que quedaba abierta, vi cómo mi suegro le soltaba una perorata que él recibía cabizbajo.
            Por fin entró. Lo llamé a mi lado. Hizo cuanto pudo, pero no consiguió desviar mi atención. Le supliqué que me hablara claro. Entonces, con una mezcla de amor y culpa, contestó:
            -Es igual que tú, cariño.

            Dedicado a mi hermano Alberto, y a los miembros de la Ablacclaro. 


martes, 11 de octubre de 2011

INSTRUCCIONES PARA LEER

            Para leer un microrrelato no importa cómo venga usted vestido ni se requiere reserva. Sólo se  necesita buena predisposición. Deberá conocer el uso de los cubiertos (de común tres juegos) y las copas (en algunos casos, hasta cinco), aunque por supuesto, no va a utilizarlo todo. Quizá tenga que emplear la cuchara de plata, o alicates de marisco o un cuchillo de sierra para entrecot. Pero no dé nada por hecho. Nuestra consigna es sorprenderle: las croquetas pueden contener helado y el soufflé esconder baba de hiena;* es famoso nuestro turrón de calamar. En esta mesa nada es lo que parece.
            Lo habitual es que se sirva un solo plato, de cantidad insignificante, sabor selecto y diseño espectacular. Puede ir regado con un vino culto o grosero, blanco, tinto o espumoso, pero jamás con insípido rosado. El agua se escancia escasa,  únicamente cuando el plato es muy fuerte. Y raramente servimos postre. Si hay dulce, viene integrado en el menú y tendrá que evocarlo usted mismo. No tenemos ningún interés en que salga de aquí con un buen sabor de boca.
            Lo que sí es preceptivo es el pan, que se sirve al final para arrebañar bien el plato, lo que en este establecimiento se considera signo de interés y gusto por nuestros micros.
            Esperamos que la experiencia sea de su agrado y repita hasta llenarse, como en los tiempos en que frecuentaba locales de gastronomía contundente.

* mala baba.
                                                         Inspirado por, y dedicado a, Jesus Esnaola


martes, 20 de septiembre de 2011

CÓMO ESTÁ EL SERVICIO


    A veces ponemos hasta cinco lavadoras al día. Tal cual. Claro que con diez hijos eso es lo que hay. La casa, por ejemplo, es grande en consonancia, está llena de habitaciones y con las entradas y salidas de los chicos el embaldosado se llena de tierra del jardín. Como no consigue conservar el suelo limpio, la criada  protesta.
    También se queja del griterío. Dice que la volverán loca. Y conste que no consiento muchas trastadas a los niños, pero tampoco voy a tenerlos encadenados a los pobres. Digo yo que es lógico que suban en tromba las escaleras y que, pongamos por caso, al pasar choquen con alguna mesilla y tiren un jarrón al suelo. Pero si tiene que recoger cristales rotos, la chica clama al cielo.
    Nuestro uso del baño es también fuente de problemas. Mis hijos juegan con todo, y salpican, pero ¿no es natural? La criada chilla (cuando no ulula desquiciada) si encuentra un grifo abierto. A mí me parece que exagera, pero no me enfrento a ella porque pienso que en realidad es un alma cándida. Lo que le falta es temple. No hay más que ver, por ejemplo, hasta qué punto la saca de quicio que se cuelen en la cocina y prueben a hurtadillas alguno de sus platos. Famoso es el día en que descubrió la marca del dedo de Javierito en el pastel; casi le dio un síncope.
    Y es que el servicio ya no es lo que era. Tan es así que los señores de la casa están pensando seriamente en despedirla. Claro que ellos, aunque disimulan, nos conocen desde que entraron a vivir aquí, y ya se han familiarizado hasta con los pases de modelo que mi hija, la más pequeña, proyecta sobre brumas de cementerio en el espejo de su armario, transformándose en esqueleto pirata, jinete sin cabeza y novia cadáver.

 Dedicado a mi querida amiga Rosana Felippo, con el simple propósito de hacerla sonreír.

martes, 16 de agosto de 2011

GEMELOS



Cuando teníamos el bar en la Barceloneta nos llamaba la atención un cliente que venía a tomarse un agua mineral vestido con pantaloncitos cortos. En aquella época era raro (el agua mineral y el pantalón corto). Le llamábamos el de las pantorrillas, porque el sujeto lucía unos gemelos que triplicaban, sin exagerar, el tamaño de los tobillos. “El día que venga en pantalones largos no le vamos a conocer”, bromeaba mi padre que, como buen mesonero, siempre acertaba en sus predicciones. Pero esta vez no acertó. Yo sí reconocí al individuo modestamente trajeado que se acercó a Pompas Fúnebres a darme el pésame por la muerte de papá.
Poco después empecé a salir con él. Vendí bien el negocio y nos casamos. Él alternaba sus días de frutero en el Borne con noches de ciclista aficionado. Recorría el muelle entero, de la Barceloneta a la Zona Franca. Yo pensaba que dejaría de hacerlo en cuanto naciera nuestro primer hijo (aquella afición me daba mala espina); pero no acerté, porque fue precisamente entonces cuando empezó a formar parte de un equipo profesional y a ausentarse también los fines de semana. 
Al séptimo mes de embarazo me fui sola al hospital y di a luz gemelos mientras él entrenaba. Ahí me di cuenta de que la vida no era un libro codificado, sino la pirueta de un bufón con mala leche; estaba más sola que la una. A pesar del tirón doméstico de los bebés, él siguió con su bicicleta, y quizá más, aunque eso sí, me puso nodriza. El patrocinador le había adelantado dinero y podíamos permitírnoslo, dijo. Yo empecé a sospechar que su actividad portuaria era demasiado rentable y le imaginé una vida secreta. Pero los gemelos me tenían muy ocupada para investigar, y como al fin y al cabo nunca acertaba, pues lo dejé correr.
Con el tiempo mi marido llegó a ganar dos Vueltas a España y se convirtió en una celebridad. Tuvimos que cambiamos de casa y de barrio. Una vez hasta salimos en las páginas en blanco y negro del ‘Hola’ regalando el cheque de Cola-Cao. Aún así, él seguía entrenado todas las noches en el muelle con su bicicleta vieja, como un gran futbolista con apego al barrio. Y eso fue lo que finalmente le mató, no otra cosa: un camión de fruta lo arrolló una noche en que circulaba a oscuras. Le había fallado la dinamo. O bien tenía otra vida, claro.
Lo que son las cosas: no pude reconocer el cadáver de la morgue porque no era más que un bulto desfigurado. Sólo sus gemelos de ciclista le identificaban. Al final mi padre tendría razón, pensé mientras contemplaba a los niños correteando en pantaloncitos cortos, con tremendas pantorrillas al aire, por el camposanto de Montjuich. O bueno, la tendría si es que realmente el individuo trajeado que me había dado el pésame años atrás era el de las pantorrillas, y no otro aficionado al ciclismo. Aunque ahora ya da lo mismo, porque la historia vendría a ser igual.


Dedicado a Fernando Valls con un saludo afectuoso 

martes, 19 de julio de 2011

ANAGNÓRISIS


Entre la posibilidad de obtener algún premio en la lotería y la certeza de ayudar al indigente que mendiga frente a la Administración, los  transeúntes no dudan: compran un número cargado de ilusiones, rehuyen la mugre. Es otoño y no una hoja de árbol, sino de periódico, cae a los pies del pobre cuando un carro de la basura cruza apresurado. Lentamente él la recoge, como si de un guiño del destino se tratara. Quizá le sirva para compensar tanta miseria humana calentándole bajo el jersey. Ah, pero aún se acuerda de leer, recapacita, y hoy decide que se entretendrá un rato como hacía en su vida anterior, cuando tenía sofá, lámpara y un tiempo remunerado.
En la página del periódico entrevistan a un gurú de la autoayuda que sentencia en el subtítulo: El cerebro humano no distingue entre la fantasía y la realidad. Piénsate y serás los que quieras. El mendigo se acurruca en el portal abandonado que habita y se echa a pensar. ¿Puede la sugestión cambiar un destino? Se entrega al experimento. Se aísla. Concentrándose, se piensa. Es más: se piensa tanto, que inmediatamente alguien lo descubre pensar. Ese alguien lo observa (tal vez sea un médico). Lo controla (o un policía). Le interroga: ¿quién es usted? Entonces el vagabundo, con voz tan potente y segura como no recuerda haber emitido desde largo tiempo ha, replica: Soy un filósofo orbitando el centro de mi teoría.
El interlocutor lo observa boquiabierto. Queda claro que la asertividad del indigente le ha hecho mella. Se acuclilla a su lado. Todo era verdad, barrunta el pobre inundándose de júbilo para sus adentros, mientras el hombre susurra admirado: maestro, y saca de su bolsillo una foto vieja.
Por fin lo han reconocido. Siete años de mala suerte, de vacas flacas, de espejos rotos. Siete años durmiendo en las calzadas para que un periodista atento pueda hilvanar los restos de su peripecia y ofrecerle una entrevista en exclusiva, una biografía superventas, quizá una gira que recogerá un documental, la asistencia al premio a los derechos humanos (por el documental), la participación como tertuliano en  programas de entretenimiento y, finalmente, su consagración como personaje público acuñador de frases populares, como piénsate y serás lo que quieras.
Es entonces cuando el tintineo de una moneda le desvela. Hoy, por primera vez,  en su taza de metal hay un euro y la Administración de lotería está desierta.

                      Dedicado a José Ángel Cilleruelo con cariño y gratitud.

martes, 12 de julio de 2011

REINVENTARSE PARA SUPERAR LA CRISIS

   


    Soy una experta lanzadora de objetos a la calle. Empecé cuando era pequeña, apuntando con furtivos escupitajos al primer calvo que pasaba. Seguí en la adolescencia, cuando un iluminado creó los globos de agua (vivir en un séptimo piso era fundamental para camuflar posibles responsabilidades). Luego tuve un crío que lloraba a moco tendido a la hora de ir a la escuela, así que, desde casa, apuntaba bien para no dar en la cabeza ni a niño ni a padre y dejaba caer un par de Sugus que resolvían el problema.
    No hay que ser muy listo para reconocer que, en estos momentos de caída libre de la economía, uno debe sacar partido de sus dotes y acudir a la teoría de Newton: la expansión multiplica la resistencia. Yo lo demostraré. Lanzaré la hoja de este curriculum (que planeará dócilmente hasta el suelo) y luego saltaré yo, desde mi quinto piso actual, bien extendidas las extremidades y equipadas con las alas de murciélago que recuperé del paraguas viejo.
    Esto dejará bien claro lo que ofrezco. A partir de ahí, quien no me contrate es un pobre imbécil.

                    Dedicado a Alberto Corujo, con un abrazo anónimo.




martes, 14 de junio de 2011

TANGO

   


   







    Uno se cree que no le importa a nadie, y entonces llega alguien que mataría por ser como Uno. Uno se crece un poquito, se anima. Uno empieza a tomarle cariño a quien mataría por ser como él. Le confía sus entusiasmos más íntimos y se explaya en una exaltación incauta. Eso revienta al Otro. Otro se mosquea, se indigna. Otro se siente agredido. Sólo le superan en sueños, pero él no los tiene. Finalmente atenta, pública y notoriamente.
    Ahora Uno ya sabe que sí le importa a alguien, pero casi prefería los tiempos en que no.


    Dedicado a mi amiga Carla Rubio, que me regaló la primera frase. Y con todo mi cariño porque acaba de cumplir por segunda vez su sueño de ser madre.

martes, 26 de abril de 2011

EL CAMINO

    El carro de La Tortosina paseaba por las calles de Caracas exhibiendo una fenomenal botella de vino. No podía pasar desapercibido. Fernando, el cochero, vestía con orgullo traje, gorra y corbata que le había proporcionado el amo Tomás, y era el encargado de regañar al pobre Joselito, que lo acompañaba, sin prestarle ni por un segundo las riendas. Esa mañana no tenían mucho más que hacer que exhibir la botella gigante con el anuncio de la casa; la víspera, un jugador empedernido había hecho saltar la banca. El dueño estaba arruinado. La mujer del amo, embarazada de su cuarto hijo, tomaría un barco con los tres mayores al cabo de unas semanas y regresaría apresuradamente a España a enfrentar una vida de pobre. "Te vas en tercera porque no hay cuarta." El espejismo de las Américas les había durado poco; y sin embargo, Fernando y Joselito salían a la calle a pasear el coche de La Tortosina como si aquel fuera un día más.
    Tal vez lo fuera para ellos.





Dedicado a mi padre en el quinto aniversario de su muerte.