Foto: David Larrosa, 10 años

martes, 17 de enero de 2012

UNA VIDA VIVIDA

Murió con las botas puestas, murió al pie del cañón tras luchar a brazo partido contra larga enfermedad. Tomó al pie de la letra que de esta vida sacarás lo que disfrutes nada más, y como largueza y altruismo empiezan por uno mismo, compró arroz para vivir y flores para saber hacerlo; que como dice el mosquito a la rana, "más vale morir en vino que vivir en el agua”. En latino, collige virgo rosas.

Hueso duro de roer, con la muerte en los talones clamó que siga el espectáculo: hoy por hoy yo sólo espero, si alguna astilla soy de tal palo, saber tan bien vivir como quien ha de morir; pues quien sólo de esperanzas vive, de hambre muere.

Apurar cielos pretendo y siendo ceniza, tener sentido. Y como nadie se muere en la víspera, y para aprender y tomar consejo me dicen que nunca se es viejo... emprendo el arte más largo:








viernes, 13 de enero de 2012

Los viernes conversamos

     
     Hoy me gustaría apelar al antólogo que todos llevamos dentro.

     ¿Qué os seduce de un relato? ¿Qué lo coloca en vuestro top ten de favoritos íntimos, de inolvidables?

     No pregunto por preferencias de blogosfera, donde el ingrediente personal vale su peso en oro (y por qué no, si las emociones son factor fundamental del oficio), sino por el conjunto de relatos clásicos y modernos, consagrados o no, que se adhiere a nuestra memoria lectora y que, cada vez que es invocado, revive la misma atracción, el flechazo emocionante que en su día nos atravesó el alma.

     Por ejemplo: si hago análisis de conciencia, yo descubro que mis favoritos responden siempre a temas de peso (los que, según me enseñaron, convertían un texto en universal), pero también a tramas asombrosas y a acabados de ebanistería que me descolocan, a soluciones a las que yo no habría llegado en la vida y que me dejan extasiada de pura envidia.

     ¿Qué ingredientes predominan en vuestras antologías personales? ¿Originalidad, ritmo, riqueza de imágenes, grado de ruptura o experimentación, elemento sorpresa, ambición del autor...?  ¿Por qué nos gusta lo que nos gusta y hasta que punto marca lo que estamos produciendo?


     

martes, 10 de enero de 2012

ENCOMIENDA



La fortuna del bisabuelo alcanzó a tres generaciones y ahora yo, arruinado, debo donar su mansión al Ayuntamiento. Van a convertirla en un museo, y sin embargo me exigen a mí que retire la palmera que crece a la puerta del jardín indiano. La fea ulceración del tronco ahuyentaría al público, dicen; caterva de mojigatos  [que] espera profanar mi herencia.
Yo mismo acudo a la finca hacha en mano. Quiero asestarle en persona el golpe de gracia. No recuerdo cuántas veces trepé a su tronco hecho mástil o fui atado, cautivo, a esa rugosidad que de adolescente acompañó mis soledades. Su sobrio perfil cruzó la vista del mar, al fondo. El mar por donde llegó siendo aún semilla.
Descargo el primer corte, certero; cuesta despegar la herramienta. Va el segundo; se estremece. Me sacudo las sensaciones y la vida y le doy el tercero con determinación. Golpe de carne y hueso.
El tronco se despereza. Cruje  y abre una lenta boca. De la amarga hendidura se despliega un grito agudo, progresivo, demente, grito de mandrágora que perfora varias generaciones. Me trepana y, enloquecidos los tímpanos, mi vista se imanta en el interior del tronco: un feto fósil, de rostro petrificado y párpados prominentes, duerme un lúgubre sueño. La raíz umbilical que envuelve el cuerpo es un áspid de madera. Me acuerdo del tío Abel. De su hija Susana. 
Paralizado, me hundo en el suelo mientras las hojas de la buganvilla y el castaño se agitan a mi espalda, y roídos por un cáncer interior los troncos revientan, las ramas caen, la tierra eructa humedades. De cada raíz brota un engendro monstruoso que empieza esforzadamente a reptar por el jardín. A la voz del ininterrumpido grito despiertan al unísono. Sus formas me conmueven, pero el horror no me alcanza. Quizá supe siempre que este sería mi destino, la vuelta al suelo. No huyo. Lo que enferma sana y da salud. 
Consigo llegar a la cancela. Voy a cerrarla. Si logro aplacar a estas bestias fundaré un nuevo futuro. Nadie sabrá más de mí, lucharé hasta que dome a los engendros. Empuño el hacha. Construiré el primer bestiario de las Américas, catálogo de monstruos y prodigios, zoología para locos y valientes. Para quienes entienden de coraje, para quienes comprenden que todavía hay algo por hacer.
Cinco años y fortuna.